A tan solo veinte minutos encontraréis Tavira, la célebre “ciudad de las 36 iglesias”. Su coqueto centro histórico, repleto de terrazas y restaurantes, es perfecto para relajarse, charlar y degustar la gastronomía tradicional del Algarve.
Como destino eminentemente veraniego, Tavira invita a disfrutar de sus fantásticas playas. Una de las más singulares es Playa de Barril, conocida por el “cementerio de anclas” que enmarca su acceso y crea una imagen inolvidable. Hasta allí se llega por un bonito sendero de 1,5 km a través de la Ría Formosa, que también puede recorrerse en un pequeño tren turístico: un auténtico planazo para peques y muy útil cuando se va cargado con sombrillas, neveras y toallas.
Otra opción imprescindible es la Isla de Tavira. Para acceder, basta con embarcar en el muelle del centro o en Quatro Águas. Su playa principal dispone de restaurantes, cafeterías y un camping con abundante sombra. No marchéis sin probar un pescado a la parrilla recién hecho. Además, en los quioscos podréis contratar actividades náuticas o excursiones por la ría. Con un poco de suerte, incluso veréis camaleones, recordad observarlos sin tocarlos, pues están protegidos.
En la vertiente interior de la isla el agua es calma y casi sin oleaje, ideal para familias; mientras que el lado opuesto, abierto al Atlántico, ofrece rompientes perfectas para practicar surf. Dos ambientes distintos en un mismo paraíso.


