Nuestra siguiente parada nos lleva a Santo Domingo de la Calzada, otro de esos tesoros medievales de La Rioja que respira leyenda por cada calle. Cuenta la tradición que, en el siglo XIV, una posadera enamorada de Hugonell, hijo de una familia alemana de peregrinos, le tendió una trampa ocultando una jarra de plata entre sus pertenencias. Acusado de hurto, el joven fue condenado a morir en la horca… pero al día siguiente seguía vivo, gracias a la intervención de Santo Domingo. Al narrar el milagro al corregidor, éste replicó burlón que tan imposible era como el canto de un gallo y una gallina asados. Desde entonces, “donde cantaron el gallo y la gallina después de ser asados” es santo y seña de esta villa.
En el corazón de la localidad, declarada Conjunto Histórico Nacional, podréis adentraros en su entramado de calles empedradas hasta desembocar en la majestuosa Plaza de España. Muy cerca se levanta la imponente catedral, hogar de un gallo y una gallina vivos que perpetúan el prodigio cada día. Recorreréis también el recinto amurallado medieval, uno de los mejor conservados de La Rioja, y, entre murallas y torreones, descubriréis la Abadía, el antiguo Hospital de Peregrinos y la esbelta Torre Exenta.
Para endulzar la visita, no dejéis de probar los “ahorcaditos”: delicados hojaldres rellenos de crema de almendra que rinden homenaje al famoso canto del gallo y la gallina. Y, cómo no, acompañadlos con un buen caldo riojano en cualquiera de sus acogedores rincones. ¡Buen provecho y buen camino!


