Comenzamos por la ría más meridional y profunda, con sus 35 km de longitud. Al fondo, las Islas Cíes marcan el horizonte, pero antes de llegar a ellas descubriréis playas de arena fina, puertos tradicionales y localidades que salpican sus orillas. No faltan las bateas, esas estructuras flotantes dedicadas a la cría del mejillón, que pintan de azul y verde el agua de la ría.
Vigo será nuestro cuartel general. La “ciudad de las luces” en Navidad y sede del famoso Mercado de Piedra concentra la esencia gallega: un rico patrimonio, rincones por descubrir y una oferta de excursiones y actividades inigualable.
Para los amantes del marisco, nada mejor que el Mercado de Piedra: ostras frescas, mejillones y todo tipo de moluscos. A la salida, tenéis junto a la plaza la Concatedral de Santa María de Vigo (siglo XIX), con su elegante mezcla de neoclasicismo y barroco.
Un paseo por el puerto os mostrará el ajetreo de los barcos cargados de pesca fresca y os permitirá conocer leyendas de marineros. Muy cerca, una estatua rinde homenaje a Julio Verne, que sitúa la bahía de Vigo en una de sus novelas.
El centro vigués late en la Plaza del Sol, animada y llena de terrazas, donde se alza la estatua del Sireno, icono local y punto de encuentro. A un paso, la Plaza de la Princesa conserva la escultura de un ángel que conmemora la reconquista de la ciudad.
Para las mejores panorámicas, subid al Monte O Castro: en unos 20 minutos a pie desde el centro llegaréis al castillo y os cruzaréis con restos de un asentamiento del siglo I a.C. Las vistas sobre la ría y la ciudad os seducirán.
Si aún os queda energía, embarcaos rumbo a las islas: las Cíes os esperan con la playa de Rodas, considerada una de las mejores del mundo, y Ons os brindará calas vírgenes, gastronomía fresca y miradores sobre la ría.