EL CAMINO FRANCÉS

EL CAMINO FRANCÉS

Ruta por el Camino de Santiago

"No importa si está lloviendo, brilla el sol o hace cualquier clima. Siempre que voy en bici soy el hombre más afortunado del mundo".

Mark Cavendish

Disfruta del Camino de Santiago

El Camino Francés es la ruta más emblemática del Camino de Santiago, con un recorrido de cerca de 800 kilómetros que parte desde Roncesvalles y finaliza en Santiago de Compostela.

Su origen se remonta al descubrimiento del sepulcro del apóstol Santiago, un hecho que atrajo a miles de peregrinos de toda Europa, quienes emprendían esta travesía a pie o a caballo como acto de penitencia o en cumplimiento de una promesa.

Más allá de su dimensión espiritual, el Camino Francés también adquirió una gran relevancia comercial y cultural, convirtiéndose a lo largo de los siglos en una de las rutas más transitadas y seguras del continente.

En esta ocasión, os proponemos una forma diferente de vivir esta experiencia: recorrer el Camino en bicicleta y con el apoyo de una autocaravana, para hacerlo más libre, accesible y flexible. Una alternativa que, si lo preferís, también puede adaptarse fácilmente al formato tradicional a pie.

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Esta ruta está pensada para realizarse en un mínimo de 15 días, aunque su duración puede variar en función de las actividades planificadas, los destinos elegidos y el tiempo de estancia en cada lugar.

Aunque la propuesta parte de un punto de inicio concreto, tenéis total flexibilidad para adaptarla a vuestras necesidades, permitiendo comenzar el recorrido desde la ubicación que consideréis más adecuada, y así hacerla verdaderamente vuestra.

Además, la ruta está diseñada para que pueda realizarse tanto con el acompañante en autocaravana como sin él, ya que existen alternativas logísticas para recuperar el vehículo tras cada etapa en bicicleta mediante otros medios de transporte.

En cada parada os ofrecemos una propuesta completa, pensada tanto para los peregrinos como para sus acompañantes: actividades para quienes deseen moverse mientras esperan, rutas o excursiones para viajeros que no hagan el camino en bici, o simplemente la posibilidad de quedarse un día más y disfrutar del entorno antes de continuar.

Mapa de EL CAMINO FRANCÉS
Como llegar:
Parada 1

Roncesvalles

Comenzamos nuestra ruta en Roncesvalles (Navarra), una pequeña aldea cargada de historia que marca el inicio del Camino Francés. Su monumento más representativo es la Colegiata de Santa María, también conocida como el Monasterio de Roncesvalles. Aunque su apariencia recuerde a la de un convento, en realidad fue un antiguo hospital de peregrinos, construido para acoger a quienes cruzaban los Pirineos hacia Santiago. En su interior, podréis visitar un claustro del siglo XVII y una interesante biblioteca-museo.

Muy cerca de allí, en el tramo entre Ibañeta (a unos 2 km) y Roncesvalles, podréis observar numerosos búnkeres construidos durante la Guerra Civil española, que añaden un componente histórico inesperado al paisaje.

Para quienes hacéis el Camino en autocaravana, este enclave es ideal para dar paseos tranquilos entre bosques, disfrutar del entorno natural y tomar contacto con la tranquilidad del Pirineo navarro. Si disponéis de tiempo extra, os recomendamos acercaros al cercano pueblo de Ochagavía, uno de los más bonitos de Navarra, donde sus calles empedradas, casonas de piedra y restos medievales os harán sentir en otra época.

Esta primera parada tiene un propósito claro: tomarse la icónica foto de inicio del Camino con la Colegiata de fondo. Por ello, es recomendable llegar la noche anterior o con tiempo suficiente si se quiere comenzar la primera etapa directamente ese mismo día.

Parada 2

Pamplona

Tras recorrer cerca de 45 kilómetros desde Roncesvalles, los peregrinos, viajeros y acompañantes llegamos a Pamplona (Navarra), una ciudad cargada de historia y famosa internacionalmente por sus Sanfermines, celebrados cada 7 de julio. Pero más allá de su fiesta, Pamplona se ha ganado su lugar como destino turístico gracias a su encantador casco antiguo, su rica gastronomía y sus espacios verdes.

Dependiendo del tiempo y las fuerzas que os queden (si sois peregrinos), os recomendamos comenzar la visita por la Catedral de Santa María, construida entre los siglos XIV y XV y considerada como uno de los mejores claustros del gótico francés en Europa. La entrada incluye el acceso a la catedral, su claustro y un museo, en un recorrido de aproximadamente una hora.

Desde allí, podéis bajar hasta la Plaza Consistorial, corazón de la ciudad, donde se alza el Ayuntamiento, un lugar perfecto para hacer una pausa y tomar algo. Más adelante, no puede faltar una visita a la Plaza del Castillo, epicentro del ambiente pamplonés, rodeada de bares y terrazas. Aquí, es casi obligatorio dejarse tentar por una ruta de pintxos, donde además podréis degustar platos tradicionales como el cordero al chilindrón, el rabo de toro estofado o los menudicos.

Otra visita imprescindible son las Murallas de Pamplona, con sus más de 5 kilómetros de extensión, uno de los recintos defensivos mejor conservados de España. Os recomendamos seguir la llamada Ruta de la Muralla, que suele comenzar en el Parque de la Media Luna, donde también se encuentra el Centro de Interpretación. Desde allí, podéis continuar hacia la Ciudadela, una fortificación renacentista del siglo XVI.

Si buscáis momentos de calma, Pamplona es también una ciudad verde por excelencia. Parques como el de La Media Luna, el de La Galaxia, el paseo fluvial del Arga o el Jardín de la Taconera, junto con las propias Murallas, os permitirán desconectar y descansar.

Por último, no olvidéis que, además de sus pintxos, Pamplona cuenta con tres rutas gastronómicas diferenciadas: la ruta del Camino, la del Encierro y la ruta Verde, ideales para quienes deseen saborear Navarra a fondo.

Pamplona es una ciudad para disfrutar con calma. Si sois ciclistas en ruta, tal vez no podáis dedicarle mucho tiempo ahora, pero merece una visita más pausada en otra ocasión. Los acompañantes y viajeros, sin embargo, tenéis la oportunidad de explorarla sin prisa y con todos los sentidos.

Parada 3

Estella

A unos 44 kilómetros de Pamplona, finaliza esta segunda etapa en la localidad de Estella (Lizarra), una villa con un origen muy particular: fue fundada en el siglo XI como punto estratégico para facilitar el paso de los peregrinos entre Pamplona y Logroño durante la consolidación del Camino de Santiago. Su historia ligada al camino, su riqueza monumental y su ubicación estratégica le han valido el apodo de la "Toledo del Norte".

Recorrer su casco antiguo es adentrarse en una joya medieval. A cada paso os toparéis con iglesias, monasterios y basílicas que sorprenden tanto por su arquitectura como por la historia que encierran. Os recomendamos entrar a cada uno de estos edificios —como la Iglesia de San Pedro de la Rúa, la Basílica del Puy o el Monasterio de Irache— y descubrir sus secretos. También podéis visitar el Museo Gustavo de Maeztu, ubicado en el Palacio de los Reyes de Navarra, que seguro no os dejará indiferentes.

Para los amantes del vino, la parada obligada son las Bodegas de Irache, fundadas en 1891 al pie del Montejurra. De tradición familiar, mantienen vivo el espíritu de sus orígenes. Y como guiño a los peregrinos, estas bodegas regalan una experiencia única: la famosa Fuente del Vino, junto a otra de agua. Todo aquel que pase por allí, tanto si va caminando como si simplemente está de visita, podrá llenar su copa y brindar con vino navarro.

Si aún os quedan fuerzas, podéis acercaros al Montejurra, justo al lado de las bodegas. Esta montaña, que algunos describen como un "dragón dormido" sobre la llanura, ofrece rutas de BTT muy atractivas y vistas espectaculares. Es un buen lugar para conectar con la naturaleza, caminar o pedalear un poco más.

Y cómo no, hay que reponer fuerzas. Estella os espera con lo mejor de la gastronomía navarra: desde verduras de temporada hasta el sabroso cordero al chilindrón, el gorrín asado (cochinillo), platos con trufa, y los dulces típicos como las alpargatas de hojaldre. Un final perfecto para una jornada intensa y rica en historia.

Parada 4

Logroño

Después de recorrer 49 kilómetros desde Estella, llegamos a Logroño, capital de la Comunidad Autónoma de La Rioja. Lo primero que os llamará la atención al entrar será el Puente de Piedra, una construcción del siglo XI que cruza el río Ebro. Nada más atravesarlo, llegaréis a la Casa de las Ciencias, una excelente opción si vais con niños, ya que ofrece exposiciones y actividades científicas muy participativas.

Desde allí podéis continuar hasta el Parque del Ebro y el Paseo de la Florida, espacios ideales para disfrutar de la tranquilidad, estirar las piernas o incluso hacer un picnic a la sombra.

A continuación, toca adentrarse en el casco histórico, donde es casi una obligación detenerse en la mítica Calle Laurel, el epicentro del tapeo logroñés. Aquí podréis probar algunos de los platos más típicos de la región: patatas a la riojana, chuletillas al sarmiento, bonito con tomate, queso camerano, caparrones (alubias rojas) y, por supuesto, todo bien regado con vino de Rioja, que nunca decepciona.

Precisamente, para los amantes del vino, esta ciudad es una parada clave. La Rioja es tierra de viñas, y en el mismo centro de Logroño podéis visitar bodegas emblemáticas como las Bodegas Franco Españolas, situadas junto a la Casa de las Ciencias, donde podréis descubrir más sobre la tradición vinícola de la región.

En el ámbito histórico y cultural, Logroño también tiene mucho que ofrecer. Durante vuestro paseo por el centro encontraréis la Concatedral de Santa María de la Redonda, el Cubo del Revellín, y el monumento al General Espartero, ubicado en la Plaza del Espolón. Este último suele llamar la atención por la conocida expresión popular sobre "los coj–es del caballo del Espartero". Para no perder detalle, os recomendamos apuntaros a un free tour, que os permitirá conocer la historia y las curiosidades locales de forma amena y completa.

Eso sí, ojo con el vino, especialmente si vais en bicicleta, que la ruta continúa y la bici no perdona.

Parada 5

Santo Domingo de la Calzada

Los ciclistas habéis pedaleado 55 kilómetros hasta llegar a Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), un lugar profundamente ligado al Camino de Santiago y célebre por una de las leyendas más curiosas del trayecto.

Cuenta la historia que, en el siglo XIV, una familia alemana se hospedó en una posada del pueblo mientras peregrinaban a Santiago. La joven posadera se enamoró de Hugonell, el hijo de la familia, pero al no ser correspondida, decidió vengarse escondiendo una copa de plata entre las pertenencias del muchacho. Al descubrirse el supuesto robo, Hugonell fue condenado a la horca. Sin embargo, cuando sus padres regresaron al lugar tras orar al apóstol Santiago, lo encontraron aún con vida, sostenido milagrosamente. Al comunicarlo al corregidor, este, incrédulo, respondió que su hijo estaba tan vivo como el gallo y la gallina asados que se disponía a comer... en ese instante, ¡las aves cobraron vida y comenzaron a cantar!

Así nació la famosa leyenda de "Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada", uno de los dichos más repetidos del Camino.

Esta historia cobra aún más fuerza cuando visitáis la Catedral de Santo Domingo, donde a día de hoy se conserva un gallo y una gallina vivos en recuerdo del milagro. Os animamos a recorrer esta localidad, pequeña pero repleta de historia, cuyo casco antiguo medieval está declarado Conjunto Histórico Nacional.

Una vez en el centro, encontraréis la Plaza de España, y desde allí podréis seguir hacia el recinto amurallado, uno de los más importantes de La Rioja. Entre los monumentos destacados están la Abadía Cisterciense, el Antiguo Hospital de Peregrinos (hoy Parador), y la imponente Torre Exenta, una torre campanario separada del cuerpo principal de la catedral, algo poco común en la arquitectura española.

Y para terminar, nada mejor que endulzar la etapa con sus famosos "ahorcaditos", hojaldres rellenos de crema de almendra, directamente inspirados en la leyenda del gallo y la horca. Probadlos sin falta: no solo hacen honor a la historia, sino que están deliciosos.

Parada 6

Burgos

Nos separan 70 kilómetros de Burgos, una distancia más llevadera que en etapas anteriores y que bien merece la pena recorrer. Esta ciudad es una joya monumental que guarda en su interior una enorme riqueza histórica y artística. Así que tanto si sois ciclistas en busca de una pausa, como acompañantes o viajeros que desean disfrutar de una gran visita, Burgos os recibirá con los brazos abiertos. Os proponemos descubrirla paso a paso:

Comenzamos en su parte alta, donde se alzan el Castillo de Burgos y sus murallas, situados en el Cerro de San Miguel. Este castillo fue prisión, fábrica de pólvora y, finalmente, volado por las tropas napoleónicas. Hoy alberga un interesante Centro de Interpretación y ofrece unas vistas espectaculares de la ciudad.

Al descender al centro, encontraréis el verdadero icono de la ciudad: la Catedral de Burgos, declarada Patrimonio de la Humanidad. Es uno de los máximos exponentes del gótico en Europa y una visita imprescindible para cualquier viajero.

A pocos pasos, os toparéis con la Puerta de Santa María, una de las antiguas entradas a la ciudad amurallada. Su interior alberga una sala de exposiciones y su fachada, decorada con figuras históricas, es sencillamente espectacular.

Después de tanto caminar, toca reponer fuerzas. Dirigíos al Paseo del Espolón, una de las zonas más animadas de Burgos, repleta de bares donde podréis degustar sus platos más emblemáticos: la olla podrida (un guiso de legumbres con carnes de matanza), la inconfundible morcilla de Burgos, el tradicional queso fresco y, para los más golosos, las yemas de Burgos.

Con el estómago contento, podéis continuar vuestra visita en el Monasterio de las Huelgas Reales, una joya del patrimonio nacional que además alberga el Museo de Telas Medievales, único en su género. Y si os interesa la historia más lejana, no puede faltar una parada en el Museo de la Evolución Humana, donde se conservan hallazgos de la cercana Sierra de Atapuerca, cuna de la humanidad europea.

Para cerrar el día con un paseo tranquilo, os recomendamos el Parque de la Isla, un precioso jardín botánico salpicado de esculturas y monumentos, ideal para descansar y disfrutar de un entorno sereno.

Parada 7

Carrión de los Condes

Nuestro próximo destino es Carrión de los Condes, en la provincia de Palencia, a unos 84 kilómetros de la parada anterior. Aunque la visita sea breve, esta localidad deja una huella profunda en el viajero por su riqueza patrimonial y su esencia jacobea.

Comenzamos el recorrido en la Casa del Águila, también conocida como palacio de los Condes de Salinas, uno de los edificios más antiguos de la ciudad, ubicado en plena Plaza Mayor. Este es también un buen lugar para hacer una pausa y disfrutar de la gastronomía local. Entre sus especialidades, os recomendamos probar el asado de cordero churro, los cangrejos de Herrera de Pisuerga, las patatas a la importancia, la panceta asada, las morcillas palentinas o el queso del Cerrato.

Al recorrer sus calles, descubriréis algunas de las casas más emblemáticas de la villa, como la Casa de los Lomana, la Casa de los Girón y la Casa Grande, cada una con una historia que os animamos a descubrir.

Antes de abandonar el centro histórico, no dejéis de acercaros al Teatro Sarabia, un elegante edificio burgués de finales del siglo XIX, que forma parte de la Red de Teatros Históricos de Castilla y León y que aún hoy conserva su aire señorial.

Para finalizar la visita, cruzamos el Puente Mayor, uno de los monumentos más representativos de Carrión de los Condes y símbolo de su importancia histórica como punto clave en el Camino de Santiago.

Parada 8

León

Nos disponemos a recorrer 94 kilómetros hasta llegar a León, una ciudad que deja patente su riqueza cultural e histórica en cada rincón. El paseo comienza con una visita obligada a la Catedral de León, una joya del gótico repleta de gárgolas y fascinantes vidrieras que os transportarán directamente a la Edad Media. No os quedéis solo con su impresionante fachada: os recomendamos entrar para disfrutar de un espectáculo de luz y color que deja sin palabras.

Muy cerca de allí, llegamos a la Plaza Mayor, antiguo escenario del mercado medieval. Siguiendo con ese aire histórico, podéis acercaros a la antigua sede de los Caballeros de Santiago, un lugar cargado de simbolismo.

Y si necesitáis reponer fuerzas, el lugar ideal es el Barrio Húmedo, en pleno Casco Antiguo. Aviso importante: con cada bebida, os servirán una tapa gratuita, así que id con calma, o acabaréis comiendo más de lo previsto.

Antes de dar por finalizada la visita, no os perdáis la Casa Botines, obra de Antoni Gaudí. Su imponente fachada neogótica es solo el principio: en su interior os espera el Museo Casa Botines Gaudí, donde descubriréis los secretos que rodean esta peculiar construcción.

Para bajar la comida o simplemente disfrutar del entorno, León cuenta con una excelente red de espacios verdes, perfectos para pasear entre árboles y desconectar.

Y, como no podía faltar, un repaso a su gastronomía: no os vayáis sin probar la morcilla de León, el cocido maragato, el botillo del Bierzo, la sopa de trucha o los dulces como los mantecados de Astorga. Todo ello acompañado, por supuesto, de alguno de los vinos con Denominación de Origen Bierzo o León, que redondean una experiencia inolvidable.

Parada 9

Astorga

Nos vamos acercando al final de nuestra aventura, con más de la mitad del camino recorrido. Nuestra siguiente parada es Astorga, a solo 49 kilómetros de la última etapa. Esta ciudad rebosa de riqueza cultural y es un cruce clave en dos de las rutas históricas más emblemáticas: el Camino de Santiago y la Vía de la Plata.

Comenzamos la visita con uno de sus grandes iconos: el Palacio Episcopal de Gaudí, una imponente construcción que más que un palacio parece un castillo sacado de un cuento. Dividido en cuatro plantas, alberga también el Museo de los Caminos, una interesante propuesta para comprender la importancia histórica de estas rutas. Justo al lado, se alza la Catedral de Astorga, el monumento más antiguo de la ciudad, cuyos orígenes se remontan al siglo III. En su interior, merece la pena visitar el Museo Catedralicio, con más de 600 obras distribuidas en 10 salas, que nos sumergen aún más en el legado artístico y espiritual de la ciudad.

Desde allí, seguimos hasta la Plaza Mayor, construida sobre el antiguo foro romano. Es el lugar perfecto para saborear las mantecadas de Astorga, el dulce más típico de la zona, o para atreverse con un cocido maragato, donde, como dicen los locales, “si tiene que sobrar, que sobre sopa”. Aquí también se encuentra el Ayuntamiento, famoso por su fachada barroca y su campanario con autómatas.

Astorga también destaca por su variada oferta museística. Por un lado, el Museo Romano, que nos traslada al pasado imperial de la ciudad a través de objetos hallados en diversas excavaciones. Y por otro, el Museo del Chocolate, donde descubriréis el proceso de elaboración y las máquinas utilizadas en la fabricación de este dulce que marcó la economía local durante décadas.

Para terminar, antes de abandonar este rincón tan especial, os recomendamos acercaros a su muralla romana, que aún rodea parte del casco antiguo. Aunque ya no se conserva en su totalidad, sus casi 3 kilómetros originales recuerdan el pasado defensivo de esta ciudad con siglos de historia.

Parada 10

Ponferrada

Avanzamos unos 54 kilómetros hasta Ponferrada y, aunque los kilómetros ya empiezan a hacerse notar, al llegar sentiréis cómo su aire y su encanto os revitalizan al instante.

Para quienes deseen explorar esta localidad, comenzamos por su gran joya: el Castillo de los Templarios, una imponente fortaleza medieval que domina la colina y os invita a adentraros en los misterios de la Orden del Temple. Su historia y sus muros no dejan indiferente a nadie.

Paseando por el casco antiguo, pronto os toparéis con la majestuosa Torre del Reloj, alzada sobre una de las puertas de la antigua muralla, muy próxima al Convento de las Madres Concepcionistas. A pocos pasos se encuentran también la Iglesia de San Andrés y la Basílica de la Encina, dos de los templos más emblemáticos de la ciudad.

Ponferrada también destaca por su oferta museística, entre la que resaltan:

  • El Museo de la Radio, considerado uno de los más completos de España en su especialidad.

  • El Museo del Ferrocarril, donde locomotoras de vapor y vagones restaurados os transportarán en un auténtico viaje en el tiempo.

  • La antigua Real Cárcel, hoy reconvertida en el Museo del Bierzo, que recoge parte de la historia y la cultura de la comarca.

  • Y el Museo Nacional de la Energía, centrado en el patrimonio industrial y minero de la zona.

Y si os gusta lo enigmático, os sugerimos una escapada especial al Monasterio de San Pedro de Montes, a unos 20 kilómetros. Este enclave, semienterrado entre montañas y abandonado, ofrece una experiencia casi mística, ideal para quienes buscan desconectar en plena naturaleza con una atmósfera única.

Parada 11

O Cebreiro

Nos adentramos en la comarca de Lugo, concretamente en O Cebreiro, a unos 53 kilómetros de nuestra parada anterior. ¡Mucho ánimo a los ciclistas del grupo, que el final del recorrido está cada vez más cerca!

Pedrafita do Cebreiro pertenece a la comarca de Os Ancares, uno de los enclaves de montaña más visitados de Galicia, especialmente en invierno, cuando sus paisajes nevados y su cocina tradicional conquistan a todos los visitantes. En este entorno destaca la aldea de O Cebreiro, conocida por sus pallozas —esas viviendas ancestrales de piedra y techo de paja— y por su vinculación con las leyendas del Santo Grial, que aún hoy alimentan el misticismo del lugar.

Durante la visita, no os podéis perder:

  • El Monumento al Peregrino en el Alto de San Roque, una escultura icónica que rinde homenaje a quienes recorren el Camino.

  • Las vistas panorámicas desde O Alto do Cebreiro, espectaculares en cualquier época del año.

  • Una visita al Museo Etnográfico de O Cebreiro, donde podréis entrar en una auténtica palloza y entender mejor cómo era la vida tradicional en estas tierras.

  • La Iglesia de Santa María do Cebreiro, de origen prerrománico, vinculada al milagro eucarístico del Santo Grial.

  • Y por supuesto, el famoso queso do Cebreiro, de leche de vaca, con su inconfundible forma de gorro de cocinero, suave, fresco y con un sabor muy particular.

Para quienes aún tengan energía, el entorno también invita a moverse un poco: podéis hacer rutas como la que lleva a la Fonte do Teixo (4 km a pie) o la Ruta dos Muíños (20 km a pie o en bicicleta), perfecta para cerrar el día en plena conexión con la naturaleza.

Parada 12

Portomarín

Continuamos nuestro recorrido en Lugo, y qué mejor forma de hacerlo que visitando Portomarín, a unos 64 kilómetros de O Cebreiro. Este es uno de esos pueblos que parecen sacados de un libro de leyendas. A orillas del río Miño, este enclave gallego es mucho más que una simple parada del Camino de Santiago: es un lugar con alma, historia y una memoria que ha sabido resistir al paso del tiempo… y al agua.

El actual Portomarín fue reconstruido en los años 60, piedra a piedra, cuando la construcción del embalse de Belesar obligó a trasladar el casco histórico a una cota más alta. Su mayor símbolo es la Iglesia de San Nicolás, también conocida como San Juan, una iglesia-fortaleza románica que fue desmontada bloque a bloque y vuelta a levantar en su ubicación actual, como si el pueblo se negara a perder su historia.

Os recomendamos pasear por su plaza principal, disfrutar del ambiente peregrino, y acercaros al embalse, donde en épocas de sequía todavía pueden verse los restos del antiguo pueblo, como un eco de lo que fue.

Y como no podía ser de otra forma en Galicia, aquí también se come bien. No os vayáis sin probar un pulpo á feira en alguna tasca tradicional, acompañado de un buen trozo de queixo do Cebreiro y un chupito de licor café, para rematar como manda la tierra.

Portomarín no se olvida. Su entorno, abrazado por el Miño, es perfecto para una jornada de senderismo, actividades acuáticas o simplemente para detenerse, respirar y contemplar… sin hacer nada más.

Parada 13

Arzúa

Nuestra penúltima parada nos lleva a Arzúa (A Coruña), a unos 53 kilómetros de Portomarín. Este municipio no solo es una de las cunas del queso gallego, sino también un punto privilegiado para disfrutar de algunos de los paisajes naturales más bellos de la zona.

Nada más llegar, es imprescindible acercarse al Centro de Divulgación do Queixo e do Mel, donde podréis aprender de forma amena y didáctica todo lo relacionado con estos dos productos estrella de la comarca: el famoso queixo de Arzúa-Ulloa y la miel local.

Como el núcleo urbano se recorre fácilmente, os proponemos una escapada hasta la Fervenza das Hortas, situada entre los límites de Arzúa y Touro. Esta joya natural sorprende con dos cascadas de unos 30 metros de altura que caen entre un frondoso bosque atlántico. Os animamos a descubrir la leyenda que rodea este lugar antes de la visita, porque le aporta un toque mágico.

Y para cerrar la jornada con calma, nada como acercarse a Ribadiso, un rincón que parece detenido en el tiempo. Podéis disfrutar de su área recreativa con merenderos, de un paseo junto al río o de un baño en su playa fluvial, una piscina natural muy frecuentada en verano. Cruzad su Puente de Piedra medieval, que data del siglo XII y forma parte del Camino de Santiago. El entorno, rodeado de vegetación y tranquilidad, os dejará una sensación de paz difícil de olvidar.

Parada 14

Santiago de Compostela

Tras recorrer 39 kilómetros, llegamos a Santiago de Compostela, meta de tantos peregrinos y viajeros. Y, como no podía ser de otra forma, tanto si habéis llegado pedaleando como si habéis acompañado la ruta en autocaravana, este es el momento de sentir esa mezcla de emoción, satisfacción y merecido descanso. El primer paso, claro está, es visitar al Apóstol en la Catedral de Santiago, y el segundo, disfrutar de una gran mariscada con productos tan frescos como zamburiñas, nécoras, percebes, mejillones, navajas, almejas, berberechos, vieiras o incluso langostas. Pero la oferta gastronómica no se limita al marisco: cualquier plato típico gallego estará a la altura.

Mientras tanto, los acompañantes —o todos juntos tras finalizar el recorrido— podéis disfrutar de visitas guiadas por la ciudad o recorrer a vuestro aire los principales monumentos, todos muy accesibles a pie desde cualquier punto del casco histórico.

Comenzamos por la Plaza del Obradoiro, donde se alza la majestuosa catedral, acompañada por el Pazo de Raxoi y el histórico Hostal dos Reis Católicos. Muy cerca, la Plaza das Praterías nos recibe con su emblemática fuente y la imponente Torre del Reloj. Desde allí, accedemos a la Plaza de la Quintana, dividida en la “de los vivos” y “de los muertos”, y cargada de simbolismo.

No dejéis de pasear por la Plaza de la Universidad, donde aún se respira el ambiente académico y se conservan rincones vinculados a la Facultad de Geografía e Historia, junto a una de las antiguas puertas de acceso a la ciudad. En la Plaza do Toural, os espera la figura de Hércules sosteniendo el mundo, un símbolo muy fotografiado.

Si queréis un respiro de tranquilidad, os recomendamos los parques más conocidos: la Alameda, ideal para paseos tranquilos con vistas a la catedral, y el Parque de Bonaval, que alberga además el Centro Galego de Arte Contemporáneo.

Para quienes quieran cerrar esta aventura de forma especial, os proponemos subir al Monte do Gozo, a 5 km del centro. Desde sus 380 metros de altitud se divisa por primera vez la silueta de la Catedral. Este es el punto donde los peregrinos experimentan ese instante de júbilo que da nombre al monte. Aunque no hayáis hecho todo el Camino, vivir ese momento os conectará con su esencia.

Por último, al pasear por las calles del casco antiguo, dejad que el ambiente os envuelva. En la Rúa do Franco, antigua ruta de tapas apodada "el París-Dakar", podréis probar desde una buena empanada gallega hasta platos de cuchara, carnes y dulces tradicionales.

Y no olvidéis la foto con la Catedral de fondo, ni recoger la Compostelana si habéis completado al menos 200 km en bicicleta (o 100 km a pie), con los sellos correspondientes.

Santiago no es solo un destino. Es la recompensa emocional de una experiencia transformadora, que muchos repiten una y otra vez. Porque hacerlo en autocaravana, con libertad, a vuestro ritmo y con cada parada personalizada, convierte esta aventura en un viaje inolvidable.

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Vehículos disponibles cerca del final de la ruta

Esperamos que os haya gustado esta ruta y que los ciclistas hayáis disfrutado de esta experiencia para repetirla en un futuro. Y recordad:

"Una vuelta al mundo en bicicleta comienza con un solo golpe de pedal".